La Aldea

Puntuación: 8 / 10
Dirección: Luis Vives, 36
Zona: Fábrica de Harinas (Albacete)


 -CUENTA (2 personas)-
1/2 ración de patatas bravas
1/2 ración de rabo frito
Ración de calamares andaluza
Tocino de cielo
2 cervezas
19€

La verdad es que es una pena que un sitio así esté en un lugar tan escondido: situándose delante de la Fábrica de Harinas (actual sede de Hacienda de la JCCM), este local se encuentra a la derecha del edificio, bajo el soportal de los pisos que la rodean. Preferimos entrar dentro en vez de cenar en la terraza porque corría bastante viento.

Una vez dentro, puedes elegir entre mesas altas con taburetes o mesas y sillas normales. Nos quedamos en una de las altas y cuando nos empiezan a preparar la mesa nos damos cuenta de que cojeaba bastante. Además, estaban emitiendo un partido de fútbol que no nos interesaba nada y había personas que alteraban el tranquilo ambiente del que queríamos disfrutar mientras cenábamos, lo que nos rompió la dinámica en repetidas ocasiones.
Tras pedir la bebida, la camarera nos trae un plato de tristes y muy pocas patatas fritas de bolsa para acompañar. Comienza a tomarnos nota y tras pedir magra con tomate nos informa de que no tenían ni ese plato ni ensaladilla. Vaya por dios. La cosa pintaba fea. Pero no...


  • Patatas bravas: He probado muchísimas veces las patatas bravas, preparadas de distinta manera, en distintas ciudades y en locales de toda índole. Pues tengo que decir de forma rotunda que las bravas que sirven en este sitio son las mejores que he probado en mi vida, mejores incluso que las de "La Bravas" en Madrid (donde tienen patentada la receta de la salsa). Pochaditas por dentro y sensiblemente crujientes por fuera, cocinadas de una forma que no consigo saber pero desde luego ni congeladas ni fritas en freidora. Venía con unas salsas que, aunque alguna fuera envasada, estaban realmente buenas. También se agradece que la mayonesa que sirven en esta tapa fuera de ajo, un ajo muy suave. Impresionantes. La presentación, también de chapó. Me hubiera comido cinco platos como ese yo solo.
 
  • Calamares andaluza: El rebozado era casero, en su punto, crujientito. Venía también servido con mayonesa y pimentón, al igual que las patatas bravas: no se debe abusar de la misma presentación. Podrían haber puesto una hojita de perejil, pol ejemplo. Un plato correcto de sabor y bueno en textura.



  • Rabo frito: Sí, es cierto... pedimos media ración. Pero nos dio la impresión de que habíamos recibido una muestra de degustación. Quizá, al final, hasta lo agradecimos, porque es una tapa que tiene mucha grasa y al ser el último plato que nos pedíamos no nos apetecía atiborrarnos. Tampoco eso es razón para recibir la poca cantidad que nos pusieron en el plato. Realmente poco se puede innovar a la hora de preparar el rabo frito, o eso pienso yo. Estaba frito y punto, con una raja de limón, y sabía al rabo frito al que estoy acostumbrado a comer en cualquier lugar. Sin más.

  • Tocino de cielo: No suelo pedir postre casi nunca, quizá porque me lo suelo tomar en otro sitio como una heladería; pero como de ahí me iba a ir a casa, vi en la carta que tenían algunos dulces que no pintaban mal y estaban a un precio asequible. Pedí tarta de queso pero era el único postre que se les había terminado. Vaya... cambié al tocino de cielo. Me resultó chocante que la cantidad fuera tan pequeña, la verdad: dos láminas. Hubiera echado de menos una o dos más. Pero el sabor... increíble. Tuve que pedir a la persona que me acompañaba que lo probara también. Delicioso. Exquisito. Sin palabras. Riquísimo además el caramelo que lo cubría. Pero un fallo gordo: la nata. No puedes poner tan suculento manjar acompañado por un pegote de nata en spray... es un sacrilegio. Es como echarle ketchup de bote a una paletilla de lechal al horno o cocinar una langosta en el microondas. No, no y no. O pon nata buena, que no es ni mucho menos cara ni difícil de hacer, o no pongas nada.



    La camarera nos resultó un poco agobiante cuando nos preguntaba una y otra vez si queríamos algo más, una de esas veces mientras quedaba un plato que todavía no había servido. Además, tardaron muchísimo tiempo en traernos la cuenta, porque al parecer la hacía una persona que no era la que nos servía y se estaban liando entre los dos. Al final: 19€, un precio de lujo para lo buenas que estaban las tapas que cenamos y sobre todo para su calidad.

    sábado, 31 de agosto de 2013

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